| Lunes, 20/07/2026 | |||||||||||||||||||
| Andalucia | Aragón | Asturias | Baleares | C. La Mancha | C. y León | Canarias | Cantabria | Cataluña | Ceuta | Extremadura | Galicia | La Rioja | Madrid | Melilla | Murcia | Navarra | País Vasco | Valencia |
|
José Luis Gómez Calvo, consultor de seguridad
09/06/2026 En verano se prepara el invierno
Cuando pensamos en la seguridad de una instalación deportiva municipal solemos imaginar emergencias, sistemas contra incendios, accidentes, evacuaciones o medidas de protección para los usuarios. Sin embargo, gran parte de la seguridad se construye mucho antes de que aparezca cualquier incidente. Se construye en silencio, lejos de la actividad diaria.Para ello, se llevan a cabo pequeñas decisiones de conservación, revisión y mejora que, aunque rara vez son visibles para los ciudadanos, resultan esenciales para que todo funcione correctamente. Como ya hemos venido diciendo en años anteriores: El verano constituye uno de esos momentos privilegiados para actuar. Mientras las piscinas descubiertas concentran buena parte de la actividad deportiva estival, numerosos pabellones, salas cubiertas, gimnasios, vestuarios y dependencias auxiliares reducen su utilización habitual. Esa disminución de la ocupación genera una oportunidad que los gestores municipales no deberían desaprovechar. Lo urgente deja paso, al menos parcialmente, a lo importante. Porque la seguridad no consiste únicamente en reaccionar cuando aparece un problema, consiste, sobre todo, en evitar que aparezca. Es precisamente durante estos meses cuando pueden revisarse cubiertas, reparar filtraciones, actuar sobre pavimentos deteriorados, sustituir elementos desgastados, comprobar graderíos, renovar señalizaciones, verificar alumbrados de emergencia o revisar instalaciones eléctricas y sistemas de protección contra incendios. Muchas de estas actuaciones pasan desapercibidas para los usuarios porque, afortunadamente, su finalidad no es llamar la atención sino impedir que una pequeña deficiencia termine convirtiéndose en una avería importante o, peor aún, en una situación de riesgo. La experiencia demuestra que los problemas graves rara vez surgen de forma repentina. Lo habitual es que comiencen siendo pequeños: Una humedad apenas visible; una puerta que cierra con dificultad; un elemento de protección deteriorado; una instalación eléctrica que empieza a mostrar signos de envejecimiento; un equipo que funciona, pero ya no lo hace con la misma fiabilidad que hace unos años. Cuando estas señales se detectan a tiempo, la solución suele ser sencilla, aunque siempre dependiendo de las posibilidades presupuestarias. Cuando se ignoran durante demasiado tiempo, las consecuencias pueden multiplicarse. Sin embargo, limitar hoy el mantenimiento a los edificios y equipamientos sería contemplar únicamente una parte de la realidad. Las instalaciones deportivas municipales actuales dependen cada vez más de sistemas tecnológicos que resultan imprescindibles para su funcionamiento diario: Aplicaciones de reserva de espacios, plataformas de gestión, redes informáticas, sistemas de control de accesos, videovigilancia, comunicaciones internas, terminales de pago o bases de datos forman parte ya de la actividad cotidiana. Un fallo prolongado en cualquiera de estos sistemas puede paralizar servicios, afectar a los usuarios o generar importantes perjuicios organizativos y económicos. Por ello, el verano también puede convertirse en una oportunidad para revisar aspectos que muchas veces permanecen fuera del foco. Actualizar programas informáticos, verificar copias de seguridad, revisar permisos de acceso, eliminar cuentas obsoletas, comprobar protocolos de recuperación de datos o reforzar las medidas frente a posibles ciberataques forma parte igualmente de una adecuada política de mantenimiento. La seguridad ya no se encuentra únicamente en las estructuras físicas. También reside en la información y en la capacidad para protegerla. Algo parecido sucede con los datos personales. Las instalaciones deportivas municipales gestionan información de abonados, usuarios, trabajadores, menores de edad, clubes deportivos, proveedores y colaboradores. Mantener actualizados los procedimientos de protección de datos, revisar quién tiene acceso a la información, comprobar sistemas de almacenamiento y verificar medidas de seguridad constituye una tarea tan necesaria como revisar una cubierta o reparar un pavimento. A menudo no se percibe como mantenimiento porque no implica obras ni herramientas, pero contribuye igualmente a la protección de las personas y de la organización. Y existe todavía otro aspecto que merece atención. Durante muchos años hemos dado por supuesta la disponibilidad permanente de suministros esenciales como la electricidad, el agua, el gas o las telecomunicaciones. Sin embargo, los acontecimientos recientes han demostrado que la continuidad de estos servicios no siempre puede garantizarse. Apagones, incidencias tecnológicas, fenómenos meteorológicos extremos o fallos en las redes de suministro han puesto de manifiesto la necesidad de analizar vulnerabilidades y estudiar alternativas. Revisar instalaciones, comprobar contratos de mantenimiento, verificar grupos electrógenos cuando existan, analizar consumos anómalos o evaluar procedimientos de actuación ante posibles interrupciones también forma parte de la preparación de la próxima temporada. En realidad, el mantenimiento moderno tiene poco que ver con la antigua imagen del operario que repara aquello que se ha roto. Hoy implica conservar edificios, proteger información, asegurar suministros, revisar procesos y anticipar riesgos. Implica cuidar activos físicos, tecnológicos e intangibles, porque la confianza de los usuarios, la reputación de la instalación y la calidad percibida del servicio también requieren atención constante. Se deterioran con mucha más facilidad de la que suelen recuperarse. Quizá por eso el verano debería contemplarse como algo más que un periodo de menor actividad. Debería entenderse como una estación estratégica para la gestión de la seguridad. Mientras muchos espacios parecen descansar, es precisamente el momento de observar con calma aquello que durante el resto del año apenas deja tiempo para ser revisado. Es el momento de corregir vulnerabilidades, planificar actuaciones y prepararse para los meses de mayor utilización. Al fin y al cabo, las instalaciones que funcionarán con seguridad durante el próximo invierno no empiezan a prepararse cuando llegan las primeras lluvias o aumenta la afluencia de usuarios. Empiezan a prepararse ahora. En verano. José Luis Gómez Calvo, consultor de seguridad
Envia a un amigo
|
|
||||||||||||||||||||||||||